|
|
||
|
|
“Homo
rhetoricus versus homo seriosus: la dimisión de Benegas”,
II Congreso de Retórica, Encuentro
sobre retórica, texto y comunicación,
7 al 10 de diciembre de 1994, Universidad de Cádiz
Homo rhetoricus
versus homo seriosus:
La dimisión de T.
Benegas
Xavier Laborda
Dos
planos se combinan en esta intervención. Dos planos que se reparten una
cuestión de figura ¾inmediata, secundaria¾ y otra cuestión de fondo ¾más abstracta y principal. EL motivo o aspecto aparente es una carta de
dimisión, la presentada por el político Txiqui Benegas (01.04.93) a su
secretario general, Felipe González. En esta composición epistolar, breve (seis
párrafos y una despedida) y sin alardes estilísticos ni técnicos, analizamos su
elocución (figuras y recursos expresivos), su disposición (estructura o
partición) y los tópicos inventivos (dramatismo, identificación y alienación).
El
análisis de tal pieza discursiva no se agota en unas páginas. Con todo, la
cuestión de fondo, menos azarosa que la muestra escogida, es la que nos habla
de la persuasión, los actos de habla y las estrategias de control, esto es, de
toma de decisiones. En suma, lo que aquí recogemos es la polémica que enfrenta
las posiciones formalista y retórica (Fish ¾1989¾: Práctica sin teoría) o, en términos equivalentes, a epistemología y
hermenéutica (Rorty ¾1979¾: La filosofía y el espejo de la naturaleza);
tal controversia reúne la visión fundacional de la verdad, universal y
formalmente objetivable (homo seriosus),
y la verdad retórica, convencional, cívica y relativa, aunque también
manipulable (homo rhetoricus).
Como es
el caso que no aportamos argumento novedoso alguno a la polémica teorética, y
sin el ánimo de terciar en el conflicto político que la carta publica, nos
atribuimos el modesto papel de poner en relación los dos aspectos apuntados:
la muestra discursiva y la bóveda teórica. Y ello para indagar sobre los
aspectos pragmáticos y retóricos de: (a) la dimisión como acto de habla, (b)
las estrategias persuasivas o perlocutivas, (c) la estructura del enunciado y
su ilocución y (d), en definitiva, lo que afecta al eikós aristotélico y a la competencia lingüística. El eikós o discurso verosímil nos remite a
l fenómeno de las ortoversiones y de la edificación de un enunciado que
"constate" la realidad. La competencia del hablante, a su vez, puede
ser representada por la aseveración machadiana ¾en Juan de Mairena¾ de que cualquiera sabe que "se miente más que se engaña".
La
carta abierta
Se
reproduce, a continuación, la carta del señor Benegas al señor González. Entre
otros medios de prensa, fue publicada en La
Vanguardia (06.04.93, página 9), junto a un artículo de Rosa Paz titulado
"Benegas aviva la crisis del PSOE al poner su cargo en manos de
González".
A lo largo de muchos años de dedicación y trabajo por
nuestro partido creo no haber eludido nunca ni mis propias responsabilidades,
ni las de mis compañeros, sobre todo en aquellas circunstancias adversas que
como bien sabes hemos atravesado desde 1974. Siempre he mantenido esta actitud pensando
en el bien del PSOE y en la creencia que la solidaridad interna era uno de
nuestros valores fundamentales, un modo de estar y hacer política. Hoy que
vivimos momentos difíciles, mi actitud ante las responsabilidades de cualquier
índole que afecten o puedan afectar al partido es exactamente la misma.
Por razones que no hacen al caso
exponer ahora, pero que conoces con detalle por haberlo conversado
personalmente en diferentes ocasiones, algunos han conseguido quebrar esos
conceptos de solidaridad y lealtad sin que hayamos sabido remediarlo. Siempre
que en el Partido Socialista Obrero Español se ha roto la solidaridad interna
han soplado malos vientos para España. Esta es una lección de nuestra historia
que creía habíamos aprendido.
Espero que comprendas que no puedo
admitir que mi limpieza en la vida pública sea puesta en tela de juicio por
algunos miembros del Gobierno que se amparan en el anonimato o por renovadores
de la nada, que ocultos en la abstracción de un concepto pretenden, desde hace tiempo,
deteriorar y deslegitimar la autoridad de quienes fuimos elegidos en el último
congreso del partido con el máximo apoyo de la organización.
Estoy convencido de que nada de lo
que ocurre es casual y que los que emprenden aventuras de ese tipo creen contar,
sin razón alguna seguramente, con sus correspondientes patrocinadores o apoyos,
que desde luego, creo no están entre los militantes de base del partido.
Por todo ello quiero poner mi
responsabilidad como secretario de Organización a disposición de los órganos de
dirección del partido y a la tuya personal esperando que, en la próxima reunión
de la comisión ejecutiva adoptéis las decisiones más convenientes para nuestro
partido.
Ha significado para mí un orgullo el
haber sido tu secretario de Organización y tu amigo durante estos años en que
nos hemos dejado la piel por España y por un proyecto que excede a nuestro
propio partido, especialmente tú al frente de las responsabilidades de los
gobiernos que han contribuido decisivamente a devolver la dignidad a nuestro
pueblo.
Un abrazo de tu amigo y compañero.
Anotaciones
pragmáticas
Como
acto de habla, la dimisión se asemeja al par adyacente de la petición, aunque
con un perfil propio. Consta, pues, del primer par o presentación de la
renuncia, y del segundo o respuesta, sea de aceptación, sea de rechazo y
confirmación en el cargo. Tal interacción presupone una relación jerárquica,
implica la alternancia en el habla y otorga el cierre al interlocutor.
El
juego de fuerzas que surge de ese diálogo está marcado por la asimetría y el
riesgo de la estrategia. Sin duda, aludiendo al primer factor, el cuadro que se
dibuja es asimétrico pues el dimisionario, que se debe a un vínculo de
confianza o rango, ha de dirigirse a su superior. No obstante, esto mismo faculta
al primero a ejercer la acción de la dimisión y a instar a aquél a que
responda. Por añadidura, si al superior le corresponde decir la última palabra,
su manifestarse le comunica o liga al acto de la dimisión y le hace
corresponsable de sus efectos. Ese es el riesgo o, mejor, obligación
contractual que grava al superior; a su vez, el riesgo que asume el
dimisionario es la consumación positiva del acto, cuando su interlocutor
replica "conforme, sea como tú quieres".
La
carta del secretario de organización consta como primer par o presentación de
la renuncia. La fórmula que trama dicho acto se compone de los siguientes
actores y elementos ilocucionarios: un hablante (Benegas) declara¾realiza un acto (dimisión)
ante su interlocutor (González), al tiempo que le emplaza al completarlo (par
de aceptación o rechazo) y le advierte sobre un acontecimiento futuro
(dificultades). Así es el marco y la acción, en particular, consiste en
pronunciar unas palabras, en manifestar un contenido proposicional; como por ejemplo,
"dimito irrevocablemente", en el caso de no que no se acepte otra
cosa que la consumación. Esa expresión u otras semejantes forman el núcleo de
la realización lingüística.
En su carta,
Benegas realiza las acciones de aseverar y pedir, a las que añade, a modo de
lastre, una advertencia. Los contenidos proposicionales de dichas acciones son
como siguen:
1.1 aseveración: "Quiero poner mi
responsabilidad... a disposición de..."
2.1 petición:
"Que... adoptéis las decisiones más convenientes".
3.1
advertencia: "Malos vientos".
Si nos
atenemos a la teoría ilocucionaria o de actos de habla, observamos que se
realiza la dimisión porque se cumplen cuatro normas. Una y central, como hemos
apuntado, es la proposicional: decir es hacer. Y las restantes son la norma
preparatoria, de sinceridad y esencial.
Bien
está considerar todas estas normas y condiciones pragmáticas, pero aun mejor
está añadir y contrastar lo apuntado con algunas notas sobre el mundo. Como se
cree comúnmente, no hay competencia lingüística sin conocimiento del mundo; una
prueba de ello es que "se miente más que se engaña", afirma Machado
en Juan de Mairena. Y por mundo
entendemos, en este punto, los aledaños de la política y los usos de la
dimisión.
Si
apreciábamos que declararse dimisionario comporta la pérdida del turno de habla
y del control de la respuesta, en la práctica estos rasgos pueden atenuarse
mucho. Sobre lo primero puede objetarse que el dimisionario ceda completamente
el turno de habla. El uso de la prensa y otros medios de comunicación permite
ramificar discursos complementarios y reactivos, aunque con cierta cautela. Se
acepta la filtración ¾es un eufemismo¾ a la prensa de la carta, pero no que el propio Benegas o, ¿por qué
no?, González se dirijan al periódico con un "señor director: le hago
llegar el contenido de una carta... por si considera de interés su
publicación". Por supuesto, de reproducirse una nota así, junto al documento
que acompaña, ello sería considerado una infracción. Por otro lado, es ilusorio
creer que en el dialogo de la dimisión participen sólo dos individuos, y esto
afecta tanto a la observancia del turno de habla como a la autonomía del
superior. En el debate o conflicto político suelen interpelarse grupos, de
suerte que sus miembros se relevan en la lucha por la palabra y sus razones.
Como se especifica en la carta, la decisión corresponde a un órgano colegiado,
en el cual podría estar representada la postura del ausente; luego la inacción
de este último y el riesgo de consumación serán menores de lo que se supone.
Para que una dimisión se convierta en un desafío basta con desactivar o
degradar tales efectos.
Para
atajar esas especulaciones conviene apelar al conocimiento que tiene el lector
sobre la "crisis del Psoe", como titulaba Rosa Paz. De este modo
quizá convengamos en que la declaración de Benegas abre otro episodio de la
pugna entre dos sectores del partido, a saber, el de los renovadores y aquél en el que, aun silenciado, se implica Benegas,
el sector guerrista. Esta
interpretación procede de la misma fuente pública que la carta; son titulares
de prensa que, a modo de crónica, replican y encuadran el acto de habla de
Benegas (6-4-93): "González se rodea de renovadores en un gobierno que
elimina a los guerristas" (15-8-93). " El vía crucis del
guerrismo" (15-8-93). "Renovadores y guerristas reanudan la lucha por
el poder en el Psoe: el reparto de tareas enfrenta a Ciscar y Benegas"
(4-7-94). En el breve muestreo ofrecido no ha de buscarse prueba o constatación
inapelable; tan sólo consideramos la información como señal de la silenciada
pugna grupal y de que la carta divulgada se vale de una estrategia de control.
Anotaciones
retóricas
¿Qué
importancia tiene el estilo en la comunicación? Algunos dirán que poca, que
sólo aporta coloratura, un recubrimiento del material persuasivo. Otros, entre
ellos Cicerón, que el estilo es un efecto retórico capital, fruto de la
operación elocutiva. Aconseja el rétor latino al orador que , "una vez
haya encontrado qué decir (invención) y en qué orden (disposición), lo más
importante con mucho es ver de qué modo (elocución)". El buen orador
destaca por su elocuencia, que es la adecuación del estilo al auditorio y el
asunto. Y el estilo es la amalgama de los recursos lingüísticos del tono y las
figuras. El término elocuencia ¾derivado, como elocución, de loqui,
'hablar'¾,
designa la capacidad de hablar deleitando y persuadiendo, objetivo al que
aspira el buen orador.
De la
postura que defiende la preceptiva clásica extraemos dos ideas. Una es que sus
autores consideran que el fondo y la forma de lo comunicado son inseparables,
esto es, que la presentación y lo presentado forman una unidad. Según ello es
irrelevante intentar distinguir una realidad exterior a la acción discursiva,
ya que hechos, conceptos o sentimientos adquieren la consistencia simbólica
que les confiera la elocución. Resumida así la tesis retórica, podemos
reconocer que colisiona con una posición formalista, según la cual hay una
realidad preexistente de la que tenemos conocimiento o representación a través
del lenguaje. Como no es nuestro propósito entrar en la liza de las posiciones
retórica y formalista, pasamos a la segunda observación, asumible sin reservas.
Consiste en el reconocimiento de la envergadura productiva de la elocución.
Dicho de otro modo, la operación de poner en palabras los conceptos y las
estrategias de un acto comunicativo requiere una actividad considerable.
Trasladando esta afirmación a la carta de Txiqui Benegas, podemos observar
numerosos rasgos de elaboración.
Suprime
palabras de relación para dar mayor agilidad a la frase (asíndeton): "en
la creencia (de) que la solidaridad...", "hoy (en) que vivimos
momentos difíciles". En cambio, en otro pasaje añade una palabra de
relación innecesaria, para así conseguir mayor énfasis o solemnidad (polisíndeton):
"creo no haber eludido nunca ni
mis propias responsabilidades, ni las de mis compañeros". Enlaza sinónimos
para reiterar un concepto (sinonimia): "años de dedicación y
trabajo", "patrocinadores o apoyos". Amplifica un concepto
mediante una explicación (paráfrasis): "la solidaridad era uno de
nuestros valores..., un modo de estar y de hacer política". Presenta un
pensamiento de diversas maneras (expolitio): "mis propias
responsabilidades" y "siempre he mantenido esta actitud pensando en
el bien del Psoe". Ordena en esta escala ascendente o descendente varios
términos (gradación): "tu secretario de Organización y tu amigo",
"tu amigo y compañero". Posterga la construcción sintáctica usual,
para una mayor expresividad (anacoluto): "creo (que) no están entre los
militantes..."; véase también el párrafo conclusivo, en el que figura este
fragmento: "durante estos años en que nos hemos dejado la piel por España
y por un proyecto que excede a nuestro propio partido, especialmente tú al
frente..." En tan apresurado párrafo, en el que se comprimen muchas
referencias y se descoyunta la sintaxis, incrementa la sensación de vértigo el
uso del zeugma. En enunciados sucesivos de idéntica organización, cabe elidir
algún término (zeugma) para evitar repeticiones: "nos hemos dejado la
piel..., especialmente tú (te has dejado la piel) al frente..." Pero aquí
se trata de un zeugma imperfecto ¾no es idéntico¾, que puede llevar a confusión; por añadidura, una expresión
incidental, la que califica su proyecto de empresa que "excede a nuestro
partido", queda ligada de forma ambigua y, sin duda, tosca, a
"especialmente tú".
Mediante
las figuras de significación, se modifica el sentido de las palabras por una
analogía o comparación entre objetos. De su modalidad principal, denominada
metáfora, se hace un uso amplio. Está el ejemplo ominoso de los "malos
vientos para España". Los de la intervención física sobre lo abstracto,
para dividirlo por fractura en trozos informes: "quebrar esos
conceptos"; "se ha roto la solidaridad". La denuncia del uso de
lo abstracto como parapeto físico: "ocultos en la abstracción de un
concepto". Y, por no extender más la relación de tropos, el más llamativo
y doliente: "nos hemos dejado la piel por España". Esta expresión
metafórica, que significa darlo todo por
una causa, tiene la fuerza de presentar la imagen precisa de alguien,
lacerado y sangrante, en carne viva, por efecto de su entrega a un ideal. En la
misma metáfora anida la figura patética del énfasis: por medio de un contenido
significativo más exacto (un empeño altruista). El latido épico detectado en la
expresión precedente se propaga a otra figura patética, la hipérbole, que se
funda en la exageración de términos: "devolver la dignidad a nuestro
pueblo". En efecto, se violentan los términos al atribuir a un agente
institucional ("los gobiernos") la capacidad de restituir un bien tan
absoluto. Por otro lado, la idea de "devolver" algo inmaterial
presiona la palanca figurada de la metáfora.
Otra
frase insiste en el énfasis o en la hipérbole, según como se considere:
"fuimos elegidos... con el máximo apoyo de la organización", donde
"el máximo apoyo" significa por
unanimidad, pero es probable que el autor se refiera a una mayoría.
El
autor de la carta intensifica el tono expresivo con el énfasis, la hipérbole o
el calado de las metáforas. Pero también atenúa el volumen expresivo con el
eufemismo, como se ha indicado, y con otro recurso fundamental, la litote, que
consiste en manifestar poco y dar a entender mucho: "sin que hayamos
sabido remediarlo". Tal expresión podría significar de un modo recto,
literalmente, o bien de un modo oblicuo, esto es, que niegue lo que quiere dar
a entender, por ejemplo, "no es que no hayamos sabido remediarlo, sino que
lo hemos permitido". Se aprecia al instante la afinidad entre litote,
eufemismo e ironía. Son formas atenuadas pero con ambición; dicen poco para dar
a entender más. No es de extrañar que el orador las combine o que el lector
crea reconocerlas. Esto último es lo que sucede con la mencionada frase. ¿No
estará diciendo lo contrario de lo que quiere significar?, ¿no será una ironía?
Donde habla de nosotros se entenderá tú; luego no es que no "hayamos
sabido remediarlo" (¿eufemismo de cortesía o ironía?) sino que "tú lo
has permitido". Por supuesto, la sospecha de la presencia de la ironía,
así como su interpretación, es una labor que, fuera de contexto, sólo tiene un
valor especulativo. Especulativo, sí, pero inherente a toda figura de
pensamiento.
Horizonte
del texto
Para
concluir, es preciso que regresemos al horizonte del texto y lo abarquemos con
una mirada pragmática y otra retórica. Desde un punto de vista pragmático, se
observa en el texto la enunciación y producción de un sistema de actos:
declarativos, directivos, representativos, compromisivos y expresivos. El acto
principal es declarativo, esto es, que el hablante constituye un nuevo estado
de cosas; en este caso, el acto realizado deriva de la declaración de dimisión.
Luego, se produce un acto directivo; mediante la petición se intenta conseguir
que el receptor haga algo ("esperando que... adoptéis las
decisiones"). Ya en un terreno accesorio inventaríamos el resto. Los actos
expresivos manifiestan la actitud del hablante, como el deplorar los ataques a
su "limpieza" o manifestar el orgullo de haber desempeñado una tarea
política. A su vez, los actos compromisivos giran en torno a las garantías de
su cualidad moral ("mi actitud", "mis responsabilidades").
Por último, la vinculación conceptual del sujeto con la realidad se logra con
los actos representativos, que surgen de enunciados en que se formulan
conclusiones ("lo que ocurre no es casual") o expresan el grado de
certeza.
Desde
la perspectiva de la retórica clásica se habrá de insistir en los términos con
que se teje el carácter de un hablante fiable y creíble. En parte se recoge
esto mismo en el punto de vista anterior, cuando se hace hincapié en los actos
éticos o propios del yo, que son los
expresivos ¾deplorar
algo, alegrase, agradecer¾ y compromisivos ¾garantizar una actitud o manifestar satisfacción-. Estos enunciados,
entre otros, segregan al principio persuasivo del éthos aristotélico:
1)
Pensar con prudencia. Mientras él no olvida la "lección de nuestra
historia", los otros "emprenden una aventura".
2)
Hablar con honestidad, sin doblez. La probidad de quien sólo pide defender su
"limpieza en la vida pública" pone en guardia respecto de la
mendacidad de quienes "se amparan en el anonimato".
3)
Mostrarse benevolente. Los ideales ("el bien del Psoe") y la ausencia
de maldad o de deseo de venganza, presentan un orador de buenos sentimientos,
tan alejado de la condición de los beligerantes y de miserable corazón.
En este
punto de la eticidad se cierra el círculo analítico, pues (se) enlaza con lo
visto más arriba sobre identificación y alteridad, en el sentido de presentar
éticamente el yo (identificación
interior) y el nosotros
(identificación relacional), frente a la alteridad de ellos. No descubrimos nada nuevo si descubrimos la fórmula básica
de la carta como un discurso epidíctico, con el elogio de la identidad ¾yo y nosotros¾ y la censura de la alteridad ¾ellos¾. Y esto se logra en lo que es
radical, en el carácter de los agentes, en su caracterización moral. La
eticidad, la prudente y virtuosa manifestación del orador, va ligada a un cauto
y firme razonar o, dicho según el término reciente, a su asertividad. El orador
habla de acuerdo con la situación, de acuerdo con el decoro que exigen las
circunstancias. Y rehuye las formas ofensivas y la agresividad injustificada.
La
asertividad está relacionada con la función de control en el habla. Se sitúa en
la franja central de los usos de control, con las manifestaciones ofensivas y
pasivas, a cada uno de sus flancos. De éstas toma algo, pero lo incorpora a un
registro regular y elástico. La asertividad es incompatible con la sumisión y
la violencia verbal, pero permite un comportamiento defensivo o de liderazgo;
permite negociar la dependencia de un poder ajeno o bien ganar su autonomía. En
conclusión, el escrito de Txiqui Benegas encaja en el uso asertivo del habla
como principio de control, como pulso entre la sumisión y el liderazgo, la
heteronomía y la autonomía. En su estilo, en su guión narrativo, en el juego de
estrategias de presión inaparente y aparente, en su caracterización ética, en
todo ello abrasa una cuestión de poder: la discusión por la toma de decisiones
o el enfrentamiento a las decisiones ajenas. Lo contrario ¾e improcedente¾ serían la ofensa y la
agresión con el improperio o la ominación sin tasa. O también ¾en su otro extremo¾, la respuesta sin intención,
como por ejemplo una dimisión sin desafío.
Este
trabajo ha sido realizado con una ayuda de la Dirección General de
Investigación Científica y Técnica, dentro del programa "Comunicación
interpersonal y comunicación de masas"(PB91-488).
Notas
biliográficas
Ambrester & Strause (1984): A rhetoric of interpersonal communication, Prospect Heights (Illinois),
Waveland Press.
S. Fish (1989): Práctica
sin teoría: retórica y cambio en la vida institucional, Barcelona, Destino,
1989.
X. Laborda (1993): De
retòrica. La comunicació persuasiva, Barcelona, Barcanova.
R. Rorty (1979): La
filosofía y el espejo de la naturaleza, Madrid, Cátedra, 1989.
|
|
|
|
|||||||||||
|
|
|
|
|
|
|
|
|||||||
|
|
|
|
|
||||||||||
|
|
|
|
|||||||||||
|
|
|
|
|
|
|
|
|||||||
|
|
|
|
|
||||||||||
|
|
|
||||||||||||