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Lingüística. Universidad de
Barcelona |
Publicaciones: artículos
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Sol Pastoriza Sixto Peláez Prólogo de Xavier Laborda Barcelona, Columna, 1995 |
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Ilustración “Estatua lentísima”, de Begoña
Egurbide |
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SIXTO PELÁEZ Sixto Peláez, pesudónimo
de Sixto Pérez Sánchez, nació en La Coruña en 1958 y pasó su adolescencia en
Valencia y en Madrid. Más adelante realizó estudios universitarios y de
imagen en Barcelona, donse actualmente tiene fijada su residencia. Ha escrito para las artes
escénicas: Conferencia en Rinolacxia(1990),
Peve Espectacular Dance Poemato
(1994); y para el cine: Objetos
perdidos (1992). Ha trabajado como letrista y autor dramático con los
grupos y compañias artísticas “La Fura dels Baus”, “Los Rinos” y “Sol Picó”.
Y también ha colaborado con el director cinematográfico Joaquín Torres y la
realizadora Marisol Farré. A mediados de los años
ochenta inició una relación artística con la pintora Begoña Egurbide —autora
de la ilustración de la portada del libro—, para la que ha escrito los textos
Adorno (1989), Artificio (1990) y Poemato
(1991), entre otros textos. En la actualidad está
preparando el rodaje en 16 mm del mediometraje Sol Pastoriza a partir del presente texto poético. PRÓLOGO Prefacio desleal a un
texto anacrónico Conocí a Sixto Peláez
cuando estudiábamos en la Universidad de Barcelona. Fue en el otoño de 1973,
en el edificio histórico de la plaza de la Universidad, cuando el centro
estaba inusualmente vacío y sin cursos por la descomunal ineptitud del
ministro de educación de la época. En ese tiempo ideal para el nuestro
encuentro, pues se vivía como si casi estuviera detenido, prendió en mí el
interés por su paersonalidad, especialmete dotada para la creación artística.
Luego el interés mío se convirtió en admiración por su trabajo, siempre
cambiante y retador. Sixto Peláez ha practicado
con incisivo acierto el grafismo, ha producido orginales para la moda en
ropa, ha sido un virtuoso de la fotografía, ha participado en trabajos cinematogáficos,
ha creado guiones para el teatro y para espectáculos de danza. Y siempre ha
tenido al arte como centro de sus actividades. Su trayectoria muestra un
rigor, una renovación expresiva y un dominio de los géneros difícilmente
igualable en el panorama actual del arte. Su búsqueda de un registro
personal se vale de la hibridación de géneros y de una capacidad narrativa
fascinates. En el campo de la literatura ha escrito obras excelentes para “La
Fura dels Baus”, “Los Rinos” o “Sol Picó”, que dan la muestra de su talante
original y revulsivo. Y con la edición de Sol
Pastoriza, que publica Columna, Sixto Peláez brinda un texto que, en su
crispada desnudez, revalida el brío poético y la rpovocación dramática de un
creador admirable. En Sol Pastoriza, Polito i
Principolilla hablan de amor y de los sentimientos que le siguen en su
relación. He aquí una manera convencional de confundirse sobre el propósito
del Sol Pastoriza. Concedámonos,
pues, la libertad de orientar este comentario hacia su sentido amplio. La obra que Sixto Peláez
ofrece es estas páginas es una historia anacrónica, es decir, ideal, porque
no está herida por una fecha de caducidad, ni tampoco el interés de su
escenario depende de moda alguna. Su escritura tiene en Sol Pastoriza una filiación, sin duda, pero no es la de la
narración tradicional. Se trata de una historia escenificable sobre dos seres
que se dicen su amor y que inventan los sentimientos que ahí caben. Polita y
Principolilla o Poli y Princeso Piolet son los nombres de personajes que
mudan su piel según lo que manifiestan. Y este manifestar es encajar las
partes de una historia desmesurada, en el sentido de ambigua y, a la vez,
específica, predecible, dentro de unos horizontes verbales. Como en toda historia, hay
aquí un relato ético, de delimitación de un lugar de orden y de relación. Se
busca saber y acordar qué es justo, qué apropiado, entre esos seres que se
hablan, que se moldean, que se sienten, que se fingen, y todo ello con el
buen fin de convertirse los dos en uno solo. Siguiendo la historia, se
desespera a veces de ese fin de identidad: son dos voces y sus mundos, bajo
el destino de un extrañamiento. Contra él luchan, y al lector corresponde
decir con qué resultado. En Sol Pastoriza hay, desde su inicio. Una intención vehemente y
que, a pesar de los desencuentros dramáticos entre la pareja, reaparece con
obstinación transversalmente. Tal intención se convierte en leyenda que da
título a la obra, Sol Pastoriza, en
el sentido de astro que apacienta esa comunidad de dos, que son muchos más.
Un personaje es sol, otro luna. La imagen expresa, en definitiva, una razón
vital, de mundo personal, espontáneo, pero abierto a un proyecto colectivo en
igualdad, solidaridad y razón. Si esto es así, Sol Pastoriza propone tanto un ideal de la Ilustración —con esos
principios colectivos apuntados— como una representación mitológica de sol y
luna, en una bóveda común, benigna hasta lo posible. Con todo, el texto de
Sixto Peláez es una máquina perezosa, diría como rendido elogio el semiólogo
famoso, el del nombre de la cosa y de la isla del otro día, Umberto Eco.
Perezosa por partida doble, por imposición y por elección. Imposición hay en
todo discurso literario: no importa que su fórmula esté plenamente asimilada;
aunque así sea y su comprensión se realice por medio de estereotipos —como la
narración tradicional—, hay una labor grande que recae en el lector, para dar
sentido a la historia. Y, por elección, despliega el autor una máquina
descompuesta, desproporcionada, reticente, para que ese sentido moral que
anida en todo relato pueda ser activado por cada lector, según su postura. En efecto, el poema
narrativo de Sixto Peláez que acogen estas páginas ofrece al lector un
escenario verbal para el ejercicio libre de su postura ética y de belleza. Se
trata de un juego interpretativo que parte de un material impresionista:
sugiere paisajes lingüísticos o, lo que viene a ser lo mismo, formas de vida.
E invita al lector con tal recurso a tomar su propio camino, con la
aspiración de que aquél incorpore su memoria
y sus valores. Este campo abierto al esfuerzo y la imaginación es tan
sugerente como débil resulta su propósito de comunicar recepciones y de
dirigir e integrar la historia en una norma de interpretación. Justamente lo
contrario del presente prefacio, paradoja de la deslealtad en la que no
deseamos ahondar más. Baste alegar, en nuestro descargo, que este comentario
sólo es una invitación entusiasta a la lectura de Sol Pastoriza. Xavier Laborda |
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SOL
PASTORIZA ESTATUA LENTÍSIMA poemartes de ciencia
ficción enciende los parches iluminan el vacío traslada el principio a la atmósfera condecorada cambia el panorama las sienes Tu muñeco pirado corre mientras come está crudo vehicula mancha acelerada teje verdes coloniales 1 CARICIAS DE CAVIAR
FRENÉTICO acaricias hemostático hermoso parche emético untas de un irresistible ladrar los huesos de la princesa LOS TÓRRRIDOS ejemplares
cariústicos almacenas tórrida comisura de los
labios temblorosos clazoncillos de pergamino que enladrillan la comisura bruta de la
batuta envueltos en la fresca servilleta con incorregible correa de nieve perpetua que
madura el hocico de tu pensamiento cocido […] 30 TENEMOS QUE
HABLAR ¡NO ME
ESPERES! CINCO LABIOS lart EL DUENDE
PRELUDIO No Tú eres exactamente quien se ha echado primero en brazos del diablo. Es que
fuiste tú Tú Pero tú te pones trompeta
de humo Y qué quieres que
haga Cómo se apaga Él escucha del sordo fisgón Yo he tenido que hacer
compras y trompetas convertir tu
traición en exhaustos clarines en
tormpetas de rigor Estoy en blanco No puedo seguir ese humo
blanco Polito Ostras. Piolet ¡no
me figas eso! Tú también tienes un capítulo
en las memorias del Caballero de Volcán ¡Lo acabo de añadir yo con
mis pestañas guiando a un atúncito que escala morado con su cola escalante
—¿Qué dice? Cose
el río la montaña con su amor
imposible rastros de la mañana que prende de la noche el imperdible rastros de greñas que
perfora de azul mañana y deja al menos un hoy
ceremonioso Debería darte las gracias
y te las doy pero no por ese capítulo sino por tu brío
sonoro sano —Cose el río la montaña Café cementerio café emergente brutal paodia de cisne de cementerio
torrefacto ¿y qué sigue? Eh, lo puedo
mejorar ¡chisme! de melodiario
discordia ¡No me tortures! siempre el problema no es morir de la colodia siempre puedes renacer en
el emblema lo importante es no vivir como un huerto y tú me das la vida vuleves cada vez de más
lejos por tus fueros, Polita de mi alma vamos a estar los dos
tiesos, disgregados y desaparecidos
desatendidos como la perla y la ostra No redundes Ya mi cuerpo recuerdo se
forra y difumina tu espejo pero todavía lo cojo por
la cola y arrastro su ratonil cuerpo en el
barrizal llega a tiempo ¿de qué? a cenar el chino si con la prinzola o sólo con la ola en cualquier caso el chino me ha sentado
fatal en una pequeña tronera
olla que me ha dejado el culo a
rayas hecho un cromo No Vuelve
el troqueo… es mejor cromo crespi en la punta
de la fundación pistola aoquí un príncipe acelerado errado
errático un elemento
incorregible inconfundible efecto corrige confundo el fuego con la
corona y los dos pesas pesares las
dos perlas los dos pesan dos lunas persas […] |
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